La ausencia de relación familiar como causa de desheredación de los hijos

Nuestro Derecho de Sucesiones destaca por su rígido sistema de legítimas, por el que determinadas personas heredan obligatoriamente del fallecido; por tanto, estas legítimas suponen una limitación a la libertad del fallecido de disponer de sus bienes.

El causante o fallecido puede desheredar a cualquiera de sus hijos mediante testamento, pero de nuevo su voluntad se ve muy limitada por la Ley, y es que sólo lo podrá hacer en los supuestos ya tasados por nuestro Código Civil. Han pasado muchos años desde que se promulgó esta norma y la realidad social de aquel entonces ha cambiado, pues el aumento de la esperanza de vida unida al incremento del abandono de personas ancianas que cada vez reciben menos cuidados por parte de sus familiares, ha dado lugar al progresivo aumento de testadores que quieren desheredar a todos o a alguno de sus hijos por la ausencia o el deterioro de la relación familiar y, al mismo tiempo, desea disponer de sus bienes en favor de sólo alguno de sus descendientes o de otras personas. Una causa muy común de inexistencia de relación paterno-filial es la ruptura matrimonial que separa a un progenitor de sus hijos menores por la influencia negativa del otro, que normalmente es el que tiene la custodia. Esta situación es un claro ejemplo de que nuestro Código Civil se ha quedado desfasado respecto a nuestra realidad social.

Las causas de desheredación de los hijos son muy concretas, no sujetas a una interpretación extensiva y, generalmente, constituyen comportamientos graves de los hijos con sus padres. Establece el Código Civil que “serán justas causas para desheredar a los hijos y descendientes: (…) haberle maltratado de obra o injuriado gravemente de palabra”. En caso de abandono o desamparo por los hijos o inexistencia de relación sólo podremos plantearnos encajarlo dentro del maltrato de obra, para que no sea una cuestión sólo moralmente reprochable, sino también que el testador pueda sancionar legalmente la actitud de su hijo/a.

Ante la falta de reformas legislativas necesarias para adecuar la Ley a la realidad social imperante, pese a la tradicional rigidez en la interpretación de esta norma, la jurisprudencia cada vez es más flexible y llega a considerar el deliberado abandono de nuestros mayores como maltrato psicológico y, este maltrato psicológico como maltrato de obra y consiguiente posible causa de desheredación.

Teniendo en cuenta esta evolución, cabe la posibilidad de poder desheredar a los hijos cuando estos incurran en un maltrato psicológico contra su progenitor debido al desinterés, abandono afectivo y familiar y menosprecio por el bienestar de su padre o madre, dejándole en una soledad inmerecida que atenta contra su dignidad. Si el sistema de legítimas se basa en el vínculo de los padres con los hijos, ¿no debería quedar anulado cuando ese vínculo se destruye por estas causas que atentan contra su naturaleza? Más aún cuando la ruptura de relación le ha ocasionado al progenitor sufrimiento y daño emocional y psicológico. No obstante, habrá que analizar en cada caso concreto las causas de la ausencia de relación paterno-filial para poder saber si puede considerarse o no maltrato psicológico y, por ello, causa de desheredación. Para ello, sería recomendable consultarlo a un abogado conocedor de la materia antes de otorgar el testamento.

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