OPINIÓN: DECÁLOGO DE LA PANDÉMIA EN EL PAÍS DE LOS CUÑAOS.

Rafael Romero Pineda
Dr. Cum Laude Universidad de Bellas Artes Barcelona. Artista Plástico

1. Esperanza

Mi mujer, compañera del alma, bonanza pura, me comenta que esta pandemia servirá para una notable evolución del ser humano en el altruismo y tantos otros necesarios valores. Yo en mi homo-escepticismo pienso que para lo que va a servir, siempre en lo genérico, es para incrementar la egolatría y la pérdida de conciencia cívica y ética. DIXIT. 

2. Burbujas

Colegios, grupos burbuja, 1 maestro o maestra por grupo. Todo terreno, ejercen la docencia de todos los “palos”, asignaturas diversas. Ahora resulta que se les presupone dominantes de todas las áreas de conocimiento.! Chapeau!, ¡Cuánto me alegro!, pensaba que esta capacidad era propia de la Ilustración. Niños ordenaditos manteniendo distancias, todos enmascarados. Hidroalcohol y lavados cada poco tiempo de manos. Todos al patio, juntos, zona asignada, no hay relación con otros grupos. Aislamiento preventivo en la escuela. Lo mismo que entraron ordenados así marcharon, impolutos y desinfectados. 

Muchos marcharon al parque detrás de la escuela. Allí dejan de ser esa burbuja preventiva, alienante e impuesta. Todos juegan con todos, toboganes y columpios, desenmascarados, total hacen actividad física. Comparten el halo vital, los oxígenos y otras emanaciones sospechosas. La madre simpática ha traído galletas para todos, todos meten la mano, sin orden, sin conciencia. El heroico maestro pasa por allí y agacha la cabeza. No sabe, cada vez sabe menos. “Solo sé que no se nada”. Las madres hacen corrillo, alguna fotillo para el Insta. Mascarilla de papada, claro, hay que fumar. Mañana al cole, a la cola de entrada organizada, aséptica. Grupos burbuja.

3.Urbanitas

Vivo en una urbanización, muy alejada del mundo, así lo decidí. Ciertamente este es otro mundo. Las noches estrelladas me inspiran, me llevan a la mismidad. Las noches de verano, los grillos cantan en sus cortejos. Huele a Jazmín, Madreselva y Dama de noche. Flores blancas. Plenitud, aislamiento voluntario.

Con la excepcionalidad pandémica, el gentío, mayoritariamente urbanitas de chándal y fiambrera han llegado cual huestes de Atila. Es fin de semana. Griterío, mascarillas de papada o codo o ni eso. Ciclistas, runners, caminantes, recolectores, fotógrafos, influencers, ticktockers, moteros, …Necesitan salir del gris oscuro de la polis. En sus casas no viven poemas. Con las fronteras, hoteles, casas de turismo rural cerradas la excursión campestre es una buena opción. A pesar de las recomendaciones de limitar la movilidad todas las cabras tiran pal monte. Los grillos y las chicharras callan. Tortilla de patatas. Los cuñaos vienen al campo a hablar de fútbol, las cuñás de la serie del Netflix, la chiquillada subidos en una higuera. Ni un solo higo, los devoraron todos. El cuñao gordo orina en la puerta de mi casa, no se da cuenta que lo veo desde el otro lado de la reja.

4.Libertas perfundet omnia luce. La libertad ilumina todas las cosas con su luz

Escalinata de acceso a la facultad. 8 alumnos. Sentados, espíritu Woodstock. Unas cervezas, tabaco, conversación diversa, ecléctica. No hay mascarillas. Hoy llevamos 242 fallecidos por el Covid y 6000 nuevos contagios, pero no hablan de esto. Algunos de ellos piensan que todo esto del virus es una trama para frenar las libertades individuales y colectivas. Lo que pasa en las Ucis no parece importarles, ríen, beben, fuman, este es su mantra. Sale la conserje y les insta a ponerse las mascarillas. Se ríen, la listilla guapita e intelectual le dice que están en la vía pública. Dialéctica tensa, en la calle hay que llevar mascarilla, si, no, si, no. Actitud cada vez más habitual, si no me das la razón, te insulto: ¡facha!, ellos a ella, ¡perro flautas!, ella a ellos. Cabizbaja entra en su recepción y llama a la policía. Esta no tarda en llegar. El uniforme impone, se disculpan y se ponen la mascarilla. La policía marcha y ellos se vuelven a quitar la mascarilla. No hay sanciones, no hay didáctica, información, pedagogía, sentido común. Parece el día de la marmota.

5. Tapabocas

Mascarillas de colores, estampados diversos, palmeras hawaianas, calaveras piratas, gatitos y perritos, mascarillas del chino, de neopreno, de polyester dudoso, mascarillas de mercadillo, de centro comercial. Abuelas cosiendo mascarillas. La negra elegante, la florida, la fiestera, la laboral, la deportiva. Colección de mascarillas, deformadoras de orejas, cefaleas, empaña gafas, pestilentes, de papada, de codo, de visera, de nuca, invisible. Mascarillas negocio, caras, carísimas y la mayoría de ellas no sirven para nada. No están homologadas, no tienen garantía sanitaria. La mayoría son un bonito tapabocas a juego con tus ojos.

6.- Ring-Ring

Centro de salud. Sólo visitas concertadas. Asistencia telefónica. Llamo, ring, ring, una vez, dos, otra, otra, otra. Nadie coge el teléfono. Necesito hablar con mi médico. No es urgente pero sí necesario. Necesito una pauta respecto a un cambio de dosis. Quedó en llamarme, no me llamó nunca. Estará desbordado, tal vez de baja por depresión. Llamo, cientos de veces. NADA. 

Un día alguien coge el teléfono, escueta, velozmente, noto que me quieren despachar rápido. Me cortan, – “tomamos nota”, “le llamará”. Nunca llamó, tal vez falleció, desapareció en sí mismo. Respeto y consideración a nuestros sanitarios.

7. Balconing

Primero suena el Dúo Dinámico, ¡resistiré, la, la, la, la, lalala!. Y luego: ¡BOOOOOOOOMMMMMMMBBBBBAAAAAAA, para bailar esto es una bomba!…King África, buffff, piel de gallina. Quien te iba a decir King, que ibas a volver para convertirte en uno de los monarcas de las fiestiquis de balcón pandémico, entre el cansino “despacito” y la “barbecue” de Giorgi Dan.  Mieles de temazos balconeros, ditirambo de estudio sociológico, en ocasiones pienso que incluso psiquiátrico. Como en muchas cosas en este país, todo comienza con una declaración de intenciones buena. Salgamos a los balcones a homenajear al sector sanitario. Y mucha gente solidaria, de buena fe, generalmente mayores, los que ven el resplandor de la guadaña sobre sus cabezas, salen tararean, aplauden y se encierran. Y cuando desaparecen, irrumpen en un segundo acto dantesco, las gentes. Yo digo que las gentes aparecen cuando desaparecen las personas. Orda sofisticada y organizada. Retumban los muros del barrio, miles de watios, focos, ruta del bacalao de balcón de suburbio, neones, láseres giratorios. Algún tonto se erige en comunicador, disc-jockey entre macetas, micro en mano, ¡oh yeah!, da las buenas noches a todos, vendedor de feria, ¡ha llegado el naranjero señora! Pum, pum, pum, pum, pum, ¡oh yeah!, ¡are you ready!. Todo el mundo tiene derecho a su minuto de gloria. ¿Pero que tendrá que ver esto con solidarizarse con la clase sanitaria?.

8. Bares que lugares. El calor del amor en un bar

En aquellos días, los afamados y preocupados restauradores de bar y terraza eran muy prudentes. Colocaban sus mesas y sillas impecablemente, midiendo con precisión pitagórica las distancias de seguridad. Es como una de esas tiras cómicas que muestran el antes y el después o encuentre usted las diferencias. Hoy muchos bares dan miedo, hacinamientos de barra y terraza, hombro con hombro, familias, grupos de amigos, nuevamente los cuñaos. Todos beben sus cervezas y comen sus patatas bravas con pasión. Algunos céntimos de propina, debieran guardarlos tal vez para pagarle a Caronte…Parece, disculpen la indignada expresión (pienso en las UCIS y en los cementerios, que no se han bebido una puta cerveza en su vida. Hoy por decreto bares cerrados.

9.- Pepita la frutera

La señora Pepa, hoy Pepita ya no es ni la mitad de lo que era, embebida y huesuda por la vejez, llegó a tener tres fruterías. Ella las heredó de su padre, frutero de abolengo y una vez jubilada la puso en manos de sus hijos, y claro, en estos tiempos del nuevo milenio en el que murió el espíritu y los valores y la cultura del esfuerzo, sus hijos, los herederos, y como suele ocurrir típico tópico, tercera generación arruinaron los negocios. Pepita está en un centro de mayores, vaya, un asilo. Allí la tienen aparcada sus 6 hijos, cual objeto, cual un mueble devaluado. Nadie viene a verla y con la actual circunstancia no puede ya ni salir de su habitación. En su planta hay 12 abuelos. 10 tienen el Covid diagnosticado. Ella sonríe en su sillón viendo la tele, no tiene conciencia de lo que ve, pero siempre sonríe. Mejor así, que no piense en lo que le viene encima. Cuestión de tiempo.

10. Pregunta final, españolitos, y epitafio

Me pregunto si en esta segunda ola, las gentes, que no personas, tendrán la osadía de salir a los balcones a homenajear a la clase sanitaria.

Antonio Machado, querido maestro mío del alma. Cuan recurrente, siempre me susurras al oído algo inteligente: …entre una España que muere y otra España que bosteza…LIII (Proverbios y Cantares).

Algunas tumbas y urnas pandémicas debieran llevar este epitafio:

Libertad es el derecho de todo ser humano a conducir su vida eligiendo sus propias acciones.

Libertinaje es actuar con desenfado, haciendo uso del derecho a la libertad, pero sin asumir las consecuencias de los actos realizados.

Suena la “Patética” de Beethoven.

Dr. Rafael Romero

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