Fuente del Maestre: ANTONIO “EL DE LA BOTICA”: RETRATO SENTIMENTAL DE UN HOMBRE BUENO.

En Memoria de D. Antonio Rodríguez Rafael, por su vocación de servicio a los fontaneses/-as.

Esta fotografía de Antonio Rodríguez Rafael, Antonio “el de la botica”, despachando colonia a granel en la farmacia de la familia García Toffé (que regentó desde 1.953 hasta 1.993) , es más que una foto: Es una de esas imágenes que forman parte de la memoria individual y colectiva de los fontaneses, la instantánea que nos devuelve a muchos parte de nuestra infancia, el revelado entrañable de nuestra memoria sentimental.

Antonio te desarma en la entrevista con su mirada de hombre íntegro, con el trato humano que siempre le caracterizó , y una memoria prodigiosa a sus 89 años : “ Si te estoy viendo ahora mismo– me dice como asombrándose de su propia capacidad de recordar – , vienes andando o correteando por la Corredera de niña, si eres la de siempre, tu mirada es la misma, alegre, muy viva…”.

Muchas vidas caben en la vida apasionante de Antonio: Boticario, fotógrafo, preparador voluntario de oposiciones, juez de paz, … Pero hay un denominador común en todo lo que desempeñó con la misma pasión y entrega: Una insobornable vocación de servicio a los demás.

En aquella época de la Historia de nuestro país, Antonio “el de la botica” hizo realidad, en todo los ámbitos que pudo y sirviéndose de todos los medios a su alcance, el hoy cuestionado Derecho Universal a la Asistencia Sanitaria : “ De mi farmacia nadie se iba sin el medicamento que necesitaba, pudiera pagarlo a no. Unos me lo iban pagando en reales, o en pesetas. O , si estaban en una situación económica dura, yo copiaba las fórmulas de sus medicamentos , se las hacía y se las daba. Punto. Era mi deber humano, y los propietarios de la farmacia nunca me reprocharon nada, y lo sabían”.

 “Siempre traté a todo el mundo por igual, dentro y fuera de la farmacia. Sentía que hacía el bien a mucha gente que lo necesitaba, y es algo que me salía de dentro. Yo me valía de los médicos, contactos, y me movía por donde tuviera que moverme para dar soluciones a las familias necesitadas. Y me iba al Instituto Nacional de Previsión para conseguir los seguros de entonces para familias sin cobertura. A veces fuí criticado por ello por familias de pensamiento elitista, y la verdad es que nunca me importó. Me importa el ser humano, las personas por encima de todo. Y creo que esos valores los he legado a mis hijas, y que me he ganado el cariño del pueblo”.

Esa vocación social la sintió desde pequeño, cuando a los 11 años, en su Llerena natal, entraba a jugar, y luego como aprendiz, en la farmacia de D. Antonio Vacas: “Eso era un privilegio, pero yo tenía un primo allí. Y es que este hombre era una eminencia en su profesión, pero para entrar de aprendiz allí había casi que tener influencias. De él aprendí muchísimo como auxiliar de farmacia, pero no soportaba que, por ejemplo, este hombre se negara a despachar el seguro de enfermedad, colaborar con la beneficencia. Y por eso, yo ya acariciaba la idea de tener mi propiafarmacia”. Así, decidió ingresar muy joven como voluntario en el Departamento de Farmacia del Ejército del Aire, donde aprendió mucho; luego fue comercial del famoso “Calmante Vitaminado” del Dr. Pérez Jiménez, y consiguió sacarse su plaza de Auxiliar de Farmacia.

    Y fue en Fuente del Maestre, en la histórica farmacia de La Corredera, donde finalmente encontró su sitio. La farmacia fue su su oficio primero, el lugar mágico donde convirtió su vida en un servicio de guardia permanente. Allí creó la colonia “primor”, y preparaba los jarabes , supositorios, óvulos para las mujeres, pomadas… Y despachaba los medicamentos de la época: El Optalidón, el Ceregumil , aquella penicilina primera que venía en nieve carbónica, o el popular linimento “del tío del bigote”.

Antonio se fue ganando al pueblo con un trato profesional a la par que afable, que transmitía mucha seguridad. Pero tras cerrar la farmacia, ademas, se pasaría noches enteras preparando fotos de carnet, “500 o así por noche”, que al día siguiente se llevaba la policía: “La fotografía ha sido otra de mis pasiones. Hacía fotos para el dni, pero también pequeñas postales y otras en formato 13/18. Y dentro de la botica, con la ayuda de mis hijas, las revelaba: Entraba los carretes comoruedas en cubas- tanque y echaba el revelador. Luego echaba mucha agua y las lavaba con vinagre. Y después las fijaba usando hiposulfito de sosa al 10%. Por último, las secaba y positivaba”.

Muchas horas dedicó también a la docencia desinteresada: “ había muchachos del campo que no podían ni tenían tiempo de estudiar. Entonces, yo me preparaba los temarios por mi cuenta, de Correos, o los de la Guardia civil, y les daba clases. Y así hubo fontaneses que consiguieron entrar en estas profesiones”.

Como Presidente de Cáritas siguió con su labor social de dar de comer al que no tenía, o de proporcionarles medicinas. E, incluso, ejerció como Juez de Paz, cuando su titular, Antonio Zambrano “el marra “ – “una bellísima persona” – , enfermó.

Ahora, sostiene que sólo tiene “agradecimiento” para este pueblo que es el suyo: “ Yo me siento de La Fuente. Aunque nací en Llerena, mis años felices los viví aquí. En este pueblo inteligente al que hay que venir como soldado raso y dejar que, con tus actos, sea el pueblo el que te ascienda a capitán. “

Y, claro, no pude dejar de preguntarle por la evolución de la farmacia y por la gran maquinara de hacer dinero en que se han convertido las farmacéuticas: “Eso siempre lo ha habido, y ahora está magnificado, es brutal. Pero para eso existen los profesionales honestos que atienden las farmacias”.

Y sentencia: “La botica no es un comercio. No es una tienda de telas donde colar al cliente unos centímetros de más. Aquí tienes que dar el metro justo, por responsabilidad. Cuando yo preparaba una fórmula, era justo la que necesitaba el paciente, y le aseguro que la comprobaba muchas veces antes de entregarla. Un medicamento es un traje a la medida”.

    Palabra de un hombre, en el mejor sentido de la palabra, bueno.

(Concha Llamazares, semblanza publicada un 30 de Mayo del 2018)

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