Historia: UN ZAFRENSE EN LA CORTE NOVOHISPANA: FRANCISCO JAVIER VENEGAS DE SAAVEDRA Y RODRÍGUEZ DE ARENZANA, VIRREY DE LA NUEVA ESPAÑA (1810-1813).

Mucho se ha escrito sobre el considerable número de extremeños que, desde finales del siglo XV, llegaron a América y se convirtieron en auténticos protagonistas del proceso de descubrimiento y conquista de aquellas tierras durante la siguiente centuria. Sin embargo, la historiografía se ha detenido bastante menos en resaltar la figura de otros personajes de nuestra tierra que, de una u otra forma, adquirieron un notable grado de jerarquía en puestos de máxima representación durante el periodo colonial, como fue el caso de Francisco Javier Venegas de Saavedra y Rodríguez de Arenzana, oriundo de la ciudad de Zafra.

Hijo de Francisco Venegas de Saavedra Melgar y Francisca de Borja Rodríguez de Arenzana y Mora, Francisco Javier nació en Zafra el 2 de diciembre de 1754, tal y como se recoge en su acta de bautismo, firmada el 6 de diciembre en dicha localidad.

Aunque estudió carrera de humanidades, pronto decidió abandonar las letras por las armas, ingresando como cadete en el Regimiento de Infantería de Murcia, que se hallaba en Orán, en 1772. Tras formar parte de la expedición de Argel (1775), participar en el bloqueo y sitio de Gibraltar (1778-1781), en la toma de Menorca (1781), en la defensa de Ceuta (1791) o en la Guerra contra la Convención (1793-1795), en 1795 decidió retirarse de la vida militar. Sin embargo, la invasión de España por parte de Napoleón Bonaparte en la Guerra de la Independencia Española motivó su regreso a filas, participando en la batalla de Bailén y siendo nombrado comandante jefe del ejército en Andalucía. En junio de 1809 fue promovido al grado de Teniente General y cuando comenzaba el sitio de Cádiz, el 6 de noviembre, fue nombrado Gobernador de dicha plaza.

El Consejo de Regencia establecido en Cádiz en 1810 lo nombró Virrey de Nueva Granada y Presidente de la Real Audiencia de Santa Fé de Bogotá, aunque poco después fue designado Virrey de Nueva España (siendo el único extremeño que ostentó dicho cargo), por lo que cesó en sus anteriores cargos, embarcando en Cádiz el 12 de julio, en la fragata Atocha, llegando a Veracruz y dirigiéndose a la capital del virreinato.

 Su misión principal consistió en restablecer el orden institucional, interrumpido desde que en 1808 los españoles de la capital novohispana habían destituido al virrey José de Iturrigaray por haber simpatizado con el proyecto de formar una Junta Gubernativa compuesta por americanos, encargada de gobernar en ausencia del rey, quien había sido sustituido por José Bonaparte en el trono de España. Con este encargo y con 50 años de vida, Venegas llegó a Ciudad de México el 14 de septiembre de 1810.

Sin embargo, dos días después de su toma de posesión el padre Miguel Hidalgo lanzó públicamente el famoso “Grito de Dolores”, llamando a sus fieles a la rebelión, contra el gobierno virreinal español, iniciando la insurrección que cimbraría los cimientos de la estructura colonial.

A Venegas, de carácter “imperioso, desconfiado y áspero”, le correspondió presenciar el inicio del desmoronamiento del orden colonial. En la capital mexicana permaneció hasta el 4 de marzo de 1813, es decir, durante la primera fase de la guerra de Independencia de México, hasta que fue sustituido por el general Félix María Calleja del Rey, siendo acusado de haber actuado con demasiada laxitud frente a los insurgentes.

La resistencia de los insurgentes, las acusaciones de que procedía sin un plan coherente y eficaz para combatir a los rebeldes, así como los constantes conflictos con Calleja, su lugarteniente, ocasionaron finalmente su destitución a finales de febrero de 1813.

Una vez de vuelta en España, se le concedió la Gran Cruz de Isabel la Católica y la de San Fernando, orden de la que fue nombrado miembro de la Asamblea Suprema en 1815. Igualmente, el rey Fernando VII lo recompensó, ya en 1816, concediéndole el título nobiliario de marqués de la Reunión de Nueva España.  A partir de mayo de 1824 ocupó puestos honoríficos militares. Desde 1834 hasta 1836 formó parte del Estamento de Próceres (uno de los dos cuerpos legislativos españoles que compusieron las Cortes de acuerdo con el Estatuto Real de 1834). A su muerte en Madrid, en 1838, era comendador de la Orden de Calatrava y tenía la Gran Cruz de San Fernando, San Hermenegildo, Carlos III e Isabel la Católica, de cuya Asamblea era decano.

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