Soplan Vientos: LA TAREA DE PENSAR

Pensar es algo más que disponer de ideas. Más bien es someter el repertorio de ideas de las que uno dispone a una autocritica permanente, para ver si su vigencia y su consistencia siguen siendo tan solventes como en un principio nos parecían. Pensar es un ejercicio de interpretación y reinterpretación constante, del conjunto de prejuicios y convenciones que dan soporte a nuestra forma de ver la vida y descifrar lo que nos ocurre. Pero es un examen que debe llevarse a cabo sin miedo a que desmienta muchas de las certezas que anteriormente hayamos podido suponer incuestionables. Porque considerar que la fortaleza de nuestras ideas se demuestra por su inmutabilidad a lo largo del tiempo, y que pensar a los 65 años lo mismo que a los 22, es una prueba de coherencia digna de elogio, no solo es una sandez, sino la prueba más palmaria de que ni a los 22 ni a los 65 se ha reflexionado de verdad sobre nada. En todo caso, nos habremos adherido a un conjunto de proposiciones más o menos doctrinarias, que en su día nos parecieron sugestivas.

Ese cuestionamiento de aquello que uno cree saber, es una vieja tarea que comenzó a desarrollar un hombre en Grecia, caminando por las calles de Atenas, hace 2400 años aproximadamente. Es cierto que no acabó muy bien. Lo que demuestra que, por lo general, las preguntas perturban o incomodan mucha más que las respuestas, y que alguien que predica la duda como condición indispensable para alcanzar algunas seguridades, que además siempre serán provisorias, es un tipo más que sospechoso. Pero lo que más importunaba a los poderosos de la época de la labor de Sócrates, no era tanto que él incitara a la gente a cuestionarse el saber establecido, sino la perspectiva desde la cual les  proponía  que recapacitaran sobre  sus creencias: “Yo desconozco la verdad, decía Sócrates,  pero al parecer hay hombres y mujeres que sí están en posesión de ella. Por lo tanto, es de suponer, que en dialogo con esas personas, yo también podré alcanzar el conocimiento certero sobre las cosas que nos importan a todos” Sin embargo, poco a poco, se da cuenta de que, efectivamente, en Atenas hay muchos individuos que disponen de un saber acerca de lo que cada una de ellos hace, pero que es un saber muy connotado por la certidumbre y por el rasgo de lo axiomático. Y cuando el filósofo comienza a indagar la raíz de esa certitud, advierte que no es la fortaleza de las convicciones la que la sostienen, sino el pánico de la gente a aprender de nuevo. Y que el dogma descansa muchas veces sobre el miedo a la duda, a lo incierto, a lo que debe ser de nuevo buscado y aprendido.

   Decía Oscar Wilde, 25 siglos después, que es conveniente ser un poco imprevisible. Y es verdad que es preferible ser más contingente o incierto. Desmentir a los espejos. Cuestionar o preguntar a las ideologías, por ejemplo, sobre su papel en la sociedad actual, sobre cuáles son sus objetivos últimos y al servicio de quien están de verdad, sin que el recurrente “al servicio del pueblo” sea una respuesta aceptable. Pero sobre todo, debemos reclamar el valor de la duda y el derecho a cambiar la forma de interpretar la realidad, sin tener que justificarnos ante nada. Tampoco ante nosotros mismos. Alguien que está completamente seguro de todo, es una persona ante la cual solo cabe escuchar y asentir

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios .