Desde la Cocina: ¿Casero o Industrial?

En un lugar del supermercado… de cuyo nombre no quiero acordarme, no hace mucho tiempo que … NO, no es el principio del QUIJOTE, es el principio de mi reflexión sobre los dulces industriales que nos encontramos en las estanterías de los centros comerciales, todos ellos muy bien colocados, con su colorido, sus plásticos, de todo tipo, rellenos, glaseados, congelados, para hornear, precocidos, solos para calentar y comer… y en su famoso envoltorio vemos una pequeña leyenda… muy importante, pero que a pesar de todo, para la mayoría de esta sociedad no le da importancia, y sí que la tiene, sobre todo para nuestra salud.

Empezamos a leer los ingredientes… y ya nos pone… Estabilizantes, conservantes, etc, con determinados números, vemos la fecha de caducidad y piensas… ¿cómo me puedo comer todo esto?, te das cuenta que una vez que le quitas el envoltorio, a los dos días se estropean, o se ponen duros, sólo comemos química pura. Me da mucha pena, no hace mucho tiempo en todas las panaderías del pueblo iban nuestras madres hacer los dulces caseros en los hornos de la misma, todo con ingredientes naturales, o bien en la cocina de nuestros padres o en la de nuestros abuelos, me acuerdo de todos aquellos olores y fragancias que desprendían las masas al hacerlas y al cocerlas, impregnaban toda la casa a canela, matalahúva, harina tostada, anís, aceite de oliva. Muchas veces nos reuníamos en familia, sólo para hacer varios baños de masa del dulce que tocara ese día, magdalenas, polvorones, roscas fritas, perrunillas, bollas de chicharrones, aceitadas, prestiños y un sinfín de dulces extremeños que tenemos en nuestra querida tierra, algún día os pondré varias recetas caseras auténticas de estos famosos yantares.

Lo que vengo a deciros, es que los dulces caseros aportan más salud que los industriales, duran mucho más, y los conservantes que llevan son ingredientes como el buen aceite de oliva, los huevos caseros, unas buenas harinas, y sobre todo una gran dosis de cariño y humildad, de tertulias acompañadas de una copita de anís mientras freímos las roscas en el peró a fuego lento, sin prisas, horneándolos poco a poco, y guardándolos en bolsas de tela “talegas”, o en tapes para su buena conservación, es maravilloso levantarte por las mañanas, o a la hora del café de la tarde, o después de cenar y abrir ese tape rompiendo toda la casa con fragancias caseras, en fin amigos/as extremeños, sigamos cultivando el buen hacer que nos enseñaron nuestras madres y abuelas de hacer y transformar los productos y materias primas caseros en una fiesta para nuestro paladar…

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